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Los Tawahkas

Tierra adentro de la costa misquita viven los Twahkas. La mayoría de ellos en la aldea de Krausirpi, ubicada en la margen del río Patuca en el corazón de la zona selvática hondureña. Los Tawahkas de Honduras constituyen un grupo pequeño. Histórica y culturalmente son una etnia que ha soportado la influencia misquita, si bien han adaptado muchos de sus patrones culturales aún conservan elementos de su propia cultura que los hace distinguirse como pueblo indígena.

Entre estos elementos se encuentra la lengua, sus relaciones sociales y sus características de producción y de mutua solidaridad. El primer contacto que tuvieron con los españoles fue en el año de 1604. Los Tawahkas o sumos eran uno de los grupos indígenas más extensos de Centroamérica durante el periodo colonial. Se extendían hacia el sur desde el río Patuca en Honduras, a través de la sierra central de Nicaragua, hasta el río Rama. Los documentos coloniales indican que fueron el grupo dominante en esta zona por lo menos cuatro siglos. Durante la época colonial, se vieron obligados a replegarse hacia el interior del país, ante la belicosidad e intransigencia de los misquitos o zambos; así fue como se establecieron en la región central. Al parecer los Tawahkas tienen parentesco cercano con los misquitos. Hay muchos rasgos socioculturales que los asemejan y la lengua es uno de esos elementos.

Según estudios consultados, la lengua Tawahka y la Misquita son bastante semejantes en su estructura morfológica y sintáctica, aunque no tienen mucho léxico en común. Ambas lenguas pertenecen al grupo macro-chibcha, grupo lingüístico de origen sudamericano. Se supone que en fechas muy lejanas los antepasados de los Tawahkas, Misquitos y los Ramas (otro grupo emparentado), emigraron desde lo que hoy es Colombia pasando por el istmo de Panamá. Los Tawahkas llaman a su lengua twanka, que muestra una similitud con la denominación que, a principios del siglo XVII los españoles dieron a los indios de la zona del Guayape-Guayambre: Tahuajcas.

Krausirpi y Krautara son las aldeas Tawahkas más grandes localizadas sobre los márgenes del río Patuca. Aunque los Tawahkas habitan esta zona desde hace ya varios siglos, Krausirpi, la principal aldea Tawahka, fué fundada en 1938 por el último cacique Tawahka (Claudio Cardona). Hasta 1948, el principal asentamiento Tawahka era Yapuwas, caserío que abandonaron debido a una peste que azotó y diezmó la población sumado a las presiones ejercidas por las autoridades del Departamento de Olancho. Se cree que el éxodo de los Tawahkas radicados actualmente en Krausirpi lo iniciaron, en forma paulatina, tres familias. La peste que azotó Yapuwas, según los relatos Tawahkas, era un extraño mal que mataba de tres a cuatro nativos diariamente, salvándose aquellas personas que abandonaron el lugar.

Los Tawahkas muestran un alto grado de penetración cultural misquita. Durante el siglo XIX, estuvieron a punto de extinguirse debido al reducido número de mujeres Tawahkas por razones aun no determinadas y a que sus varones no deseaban unirse con las mujeres misquitas. Ocurre lo contrario con los Misquitos, quienes, sin problema alguno deciden juntarse con las Tawahkas. Una muestra de influencia Misquita es una de las bebidas mas tomadas por los Tawahkas: el guabul, bebida elaborada de puré de plátano maduro disuelto en agua o leche y puesto a hervir. Además de estas elaboran vinos de varias especies de palmas y de caña de azúcar; del arroz y del maíz preparan bebidas embriagantes como la chicha. De la palma llamada supa consumen el fruto cocido y el tronco les sirve para construir arcos y flechas (igual que los misquitos). Consumen contrario a los misquitos, en menor medida: ajo, cebolla, café y tés de varias hierbas.

La ancianidad entre Tawahkas de ninguna manera implica soledad y desocupación. Las personas de edad avanzada siguen dedicándose a sus labores cotidianas, en la medida que sus fuerzas se lo permitan. La anciana Tawahka tienen a su cargo la educación de los niños pequeños y ciertas labores domesticas, como la preparación parcial de alimentos y algunos trabajos artesanales. Los hombres ancianos ocupan en la jerarquía civil y religiosa del grupo, un puesto que deben a su experiencia y sabiduría. Son respetados y escuchados. Se disfruta de su compañía y se les pide consejos.

Cuando un Tawahka muere, el cuerpo es llevado al cementerio con los pies hacia delante, el zukia o rezador dirige sus oraciones al difunto y antiguamente, el zukia debía capturar el alma del difunto y conducirla a su última morada; de lo contrario el alma erraba sin destino causando mucho perjuicio a los pobladores. Para lograrlo, se ponía a bailar alrededor de un insecto y lo acercaba al muerto, invitando al alma a penetrar en el cuerpo del animal. El zukia colocaba el insecto en un recipiente y lo liberaba luego en la proximidad de la tumba, para que el alma pudiera entonces pasar del animal al cadáver.

No se ha podido profundizar en los ritos religiosos de esta etnia. En la actualidad, no existen estudios que brinden un panorama amplio sobre este aspecto cultural. El último censo indica que hay aproximadamente en la reserva Tawahka, un poco más de 950 miembros de los cuales solo un pequeño porcentaje se ha conservado puro, el resto se ha mezclado con Misquitos y Ladinos. Los Tawahkas son una etnia amenazada también por la extinción.

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